FILOSOFÍA Y HUMOR DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA


Hola amigos y amigos,¿ que tal un poco de filosofía?. Tranquilos no os asustéis no pienso abusar mucho de vuestras neuronas jejejeje. Ahora comprobaréis como la filosofía y el humor son dos cara de una misma moneda. Claro, hay una línea muy frágil entre las preguntas filosóficas y la ironía de aquel que sabiendo precisamente la seriedad de sus cuestiones, las toma a risa y se atreve a desafiarlas. La risa es lo único que nos queda ante el absurdo que muchas veces se presenta ante nuestras vidas en sus diversas formas: crueldad, injusticia, dolor, en fin el sufrimiento que caracteriza nuestra existencia. El humor es una arma poderosa que desafía al miedo, que por unos momentos nos recuerda que aunque todo a nuestro alrededor parezca desfallecer, en nosotros existe una fuerza superior, una capacidad innata de situarnos por un momento más allá del bien y del mal. Sin duda el humor es un acto de libertad, de rebeldía de un sujeto que reclama su identidad, su personalidad, no ser engullido por el sinsentido del mundo.

Cierta mañana, Nasrudin envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro de la plaza de su ciudad y llamó a los que pasaban por allí:

– “¡Hoy tendremos un importante concurso!”, dijo. “Quien descubra lo que está envuelto en este pañuelo recibirá de regalo el huevo que está dentro

Las personas se miraron, intrigadas. Nasrudin insistió:

– “Lo que está en este pañuelo tiene un centro que es amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está contenido dentro de una cáscara que se rompe fácilmente. Es un símbolo de fertilidad y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos. Entonces, ¿quién puede decirme lo que está escondido?”

Todos los habitantes pensaban que Nasrudin tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza delante de los otros. ¿Y si no fuese un huevo, sino algo muy importante, producto de la fértil imaginación mística de los sufís? Un centro amarillo podía significar algo del sol, el líquido a su alrededor tal vez fuese algún preparado de alquimia. No, no, aquel loco estaba queriendo que alguien hiciera el ridículo.

Nasrudin preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo impropio. Entonces, abrió el pañuelo y mostró a todos el huevo.

– “Todos vosotros sabíais la respuesta”, afirmó, “y nadie osó traducirla en palabras. Así es la vida de aquellos que no tienen el valor de arriesgarse: las soluciones nos son dadas generosamente, pero estas personas siempre buscan explicaciones más complicadas, y terminan no haciendo nada. Sólo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo a fracasar.

Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a punto de aplastarlo sin darse cuenta cuando le contuvo a tiempo. Agachándose, recogió al animal. “Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus ciclos de reencarnación.” Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba.

“¡Inconsciente!”, exclamó furioso el otro monje. Salvando a este estúpido caracol pones en peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos.

Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso: “Vamos a contarle este caso al gran sacerdote, él será lo bastante sabio para decidir quien de nosotros dos tiene la razón.”

Se dirigieron entonces al gran sacerdote, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había intrigado el caso. El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El gran sacerdote lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo: “Has hecho lo que convenía hacer. Has hecho bien”. El segundo monje dio un brinco. “¿Cómo? ¿Salvar a un caracol devorador de ensaladas y devastador de verduras es bueno? Al contrario, había que aplastar al caracol y proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer. El gran sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo “Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. Tienes razón.”

El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó. “¡Pero si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! ¿Cómo pueden tener razón los dos?” El gran sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo: “Es verdad. También tú tienes razón.”

Extraído de Bernard Werber. “El día de las hormigas”. Ed. Plaza Janés. 1994

FUENTE: http://www.nueva-acropolis.es/Filos-Humor

Acerca de elmago12

Hola amigos y amigas soy un chico normal, al que le gusta compartir sus reflexiones con gente que piense diferente, que se sienta libre en sus opiniones y en la expresión de sus sentimientos. Así que si os queréis divertir conmigo y yo con vosotros y reflexionar sobre temas variados. Este lugar perdido en el ciberespacio os espera. Saludos
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