Fábulas para pensar sobre nosotros mismos


Esta noche os dejo unas fábulas, unos escritos que contienen un mensaje, una moraleja que cada uno de vosotros seguro que sabrá descifrar. Hay textos que parece que nos hablen directamente, que se dirijan a nosotros en particular. Parece como si hubiesen estado escritos para mostrarnos un camino a seguir, para en cierto modo educarnos. La fábula es como un código secreto que debemos descifrar para obtener la llave que nos permite abrir el baúl del tesoro, un tesoro que no es otro que el que contiene la sabiduría popular.
Os animo a que reflexionéis sobre cada una de estas pequeñas historias y si lo queréis escribid; ¿qué os dice a vosotros?¿ cuál es vuestra interpretación personal?, ¿como la aplicaríais a vuestra vida o experiencia vital?.

Fuente: Fragmentos del clásico Las fábulas de Esopo

Un hombre se detuvo cerca de un jardinero que trabajaba con sus legumbres, preguntándole por qué las legumbres silvestres crecían lozanas y vigorosas, y las cultivadas flojas y desnutridas.

-Porque la tierra-repuso el jardinero-, para unos es dedicada madre y para otros descuidada madrastra.

Unos sacerdotes de Cibeles tenían un asno al que cargaban con sus bultos cuando se ponían en viaje. Un día por fatiga se murió el asno, y desollándolo, hicieron con su piel unos tambores, de los cuales se sirvieron. Habiéndoles encontrado otros sacerdotes de Cibeles, les preguntaron que dónde estaba su asno.

-Muerto – les dijeron -; pero recibe más golpes ahora que los que recibió en su vida.

Una golondrina que retornaba de su largo viaje, se encontraba feliz de convivir de nuevo entre los hombres.

Construyó entonces su nido sobre el alero de una pared de una Corte de Justicia y allí incubó y cuidaba a sus polluelos. Pasó un día por ahí una serpiente, y acercándose al nido devoró a los indefensos polluelos. La golondrina al encontrar su nido vacío se lamentó:

-Desdichada de mí, que en este lugar donde protegen los derechos de los demás, yo soy la única que debo sufrir equivocadamente.

Se fue a pique un día un navío con todo y sus pasajeros, y un hombre, testigo del naufragio, decía que no eran correctas las decisiones de los dioses, puesto que, por castigar a un solo impío, habían condenado también a muchos otros inocentes.

Mientras seguía su discurso, sentado en un sitio plagado de hormigas, una de ellas lo mordió, y entonces, para vengarse, las aplastó a todas.

Se le apareció al momento Hermes, y golpeándole con su caduceo, le dijo:

-Aceptarás ahora que nosotros juzgamos a los hombres del mismo modo que tú juzgas a las hormigas.

Acerca de elmago12

Hola amigos y amigas soy un chico normal, al que le gusta compartir sus reflexiones con gente que piense diferente, que se sienta libre en sus opiniones y en la expresión de sus sentimientos. Así que si os queréis divertir conmigo y yo con vosotros y reflexionar sobre temas variados. Este lugar perdido en el ciberespacio os espera. Saludos
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