¿Qué haríamos sin los niños?. Sus ingeniosas ideas fruto de su inocencia y sinceridad natural nos retratan lo mejor y lo peor de la condición humana.Las historietas de Quino, ese gran creador del humor de Mafalda y sus amigos nos plantéan muchos temas fundamentales de la existencia en el mundo y nos muestra como la sabiduría no reside en los grandes discursos abstractos, sinó que radica en la vida y en la experiencia cotidiana. Me pregunto como educador y adulto que intenta comprender los razonamientos de los niños, sus intereses y su modo de entender la vida;¿ Quién educa a quién?. A mi modo de ver el niño es el maestro de la verdad de la inocencia, si es su verdad y se debe tener presente y con sus preguntas incesantes de todo lo que le transmitimos y ve, nos permite abrir la mente más allá de los preceptos que pretendemos enseñar como únicos y incuestionables.
Últimamente que hablamos tanto de reformas en educación quizás deberíamos plantearnos qué educación estamos dando a nuestros hijos, qué entendemos por educar y qué utililidad y finalidad tiene no para la vida en general, sinó para aquella experiencia única e irrepetible de cada niño. Del niño también aprendemos y debemos estar atentos a aquello que nos quiere decir y no sabe como expresar,no vaya a ser que de tanto hablar de cambios de sistema en la educación, de como debemos enseñar y qué debemos enseñar nos olvidemos del protagonista principal, el niño que merece toda la atención posible a sus intereses, sentimientos y emociones.

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